jueves, 2 de abril de 2009

trabajo concreto: 2007-2008

INFORME SOBRE EL TRABAJO EN COMEDORES




A fines del año 2006 la Asociación Civil La Subida nos convocó para trabajar en el proyecto de EXPERIENCIA CREATIVA PARA LA PREVENCIÓN DEL NIÑO EN SITUACION DE RIESGO, que se ejecutaría el año siguiente, a cargo de un grupo de artistas de distintas disciplinas y de diferente experiencia en el trabajo artístico con chicos.
El grupo inicial consistió en cuatro actores, un músico, dos escritores, una estudiante de cine y un director de teatro, a su vez coordinador del grupo.
En febrero de 2007 comenzó nuestro trabajo con la reunión de todo el grupo, el planteamiento general del plan de trabajo y los primeros ensayos.. Una vez fijados los objetivos, tuvimos las primeras presentaciones en tres comedores, dos de Necochea y uno de Quequén. Partimos de lo que entre nosotros llamamos “valijas personales”, esto es materiales (obras de teatro, cuentos para narrar) que algunos de nosotros ya habíamos trabajado o teníamos a mano para hacerlas. Así fue el primer encuentro con los chicos, mientras preparábamos la producción del material con cuentos folclóricos de todo el mundo, que iban a ser los que trabajaríamos durante todo el año. El modo cotidiano de trabajo cotidiano fue desde un principio presentarnos en el comedor de a dos o tres con puestas para resolver con ese número de artistas, adaptando también el material al espacio fijo de cada lugar, que era diferente.

En breve estuvo hecha la dramaturgia para empezar con los cuentos del mundo. Los primeros fueron cuentos africanos, preparados para contar y/o actuar de a dúos. Se hizo una ambientación musical con instrumentos que representaban una aproximación a esa cultura. Todos los cuentos presentaban también a Ussuname, un personaje que representa al contador de historias de la tribu, el que recorrió muchas tierras y sabe muchas cosas.

Desde el comienzo, ya estábamos embarcados en una rutina continua de ensayos semanales para estar en los tres comedores cada semana con algo diferente, sin interrupciones. Así la exigencia fue puliendo la dinámica de trabajo en forma muy productiva, ya que pudimos producir obras cada vez con mayor facilidad, sin que decayera la calidad ni la elaboración. No está de más agregar que nos hizo más fácil el compromiso y la continuidad en el trabajo el hecho de que nos pagase por hacerlo, aunque no es la única motivación es un puntal que nos permitió trabajar con tanta intensidad.

A su vez, La Subida nos permitió disponer siempre de los materiales para trabajar, lo que hizo que la falta de materiales concretos no haya sido nunca una traba durante todo el proceso.

La respuesta de los chicos fue buena de entrada, se sorprendieron con las obras y los cuentos, siempre aplaudieron y pidieron más. Hasta en los momentos en los que algunos de ellos estaban demasiado inquietos y sin ganas de prestar atención (incluso esforzándose en molestar a los demás) terminaron enganchándose. Desde luego el nivel de sorpresa no era siempre el mismo, ya que unas veces las obras tenían mayor vestuario y elaboración teatral –o muñecos, instrumentos de música, etc. Y otras estaban armadas más cercanas a la narración de cuentos. Además, los grupos de chicos eran diferentes y diversos. Podíamos encontrar una mañana en un comedor a solo cinco o seis niños, todos de menos de siete años y en otro un grupo de más de veinte, con niños pequeños pero también con sus hermanos más grandes, de hasta diez años.

Después de África, apuntamos a China y Japón primero y a Europa después. Siempre en base a cuentos tradicionales anónimos, seleccionados y adaptados por los escritores, se fue trabajando con la misma dinámica de ensayo y puesta.
Ya a mediados de año la relación con los chicos era en general muy buena y afectiva, cada vez que íbamos a los comedores nos recibían gritando nuestros nombres y saludando curiosos de qué traíamos, a quién de nosotros le tocada venir hoy, etc..
Después del trabajo con los cuentos chinos y los europeos (que fueron celta, italianos y españoles) nos embarcamos hacia la última parte del año con los cuentos de América, específicamente relatos originales de tribus aborígenes de todo el continente, arrancando desde el norte –con los esquimales- hacia el sur, hasta llegar a los cuentos de la Argentina, los que trabajaremos ya este años. En esta etapa, teníamos incorporado al grupo un artista plástico, el trabajo empezó a contar con más instrumentos bien elaborados como máscaras, vestuario, muñecos y títeres.
En la última parte del año, a partir de la relación cotidiana entablada a partir de llevar las obras y los cuentos, ya pudimos proponer a los chicos actividades para que ellos participen. Se comenzó con un trabajo simple en el que ellos actuaban la obra que habían visto ya, teniendo uno de nosotros el rol de dirigirlos, asignarles los distintos personajes y armar las obras. En uno de los comedores se engancharon más a hacer muñecos con los personajes de las obras y cuentos, y también dibujos. Ya cerca del verano la presentación de las obras y cuentos del mundo se fue intercalando con actividades más de taller, en los que los chicos se entusiasmaron bastante.
Aproximada la fecha del fin del ciclo lectivo, La Subida organizó una muestra de los trabajos hechos en el año por diferentes grupos, entre ellos el nuestro. Se realizó el mes de diciembre en el CEF N de Quequén, a causa del clima, ya que estaba programado al aire libre. Acudieron escuelas de Quequén y de La Dulce. Nosotros hicimos una puesta de “Los tres tesoros”, obra basada en un cuento chino, que era una de las que más elaboración teatral y de vestuario y puesta habíamos realizado, y que gusto mucho a los chicos. La muestra del CEF esta documentada en filmaciones que guarda La Subida.
La muestra de cierre no significó que terminara nuestro trabajo, ya que tenía que seguir durante el verano con la misma intensidad. En esos días, a partir de juegos y consignas, los chicos de los tres comedores ya estaban inventando ellos mismos sus propios cuentos. Estos trabajos se hacían en grupos en general, aunque algunos chicos preferían inventar los cuentos solos. Nosotros fuimos guardando los cuentos y empezó a rondarnos la idea de armas un libro con ellos, idea que a los chicos les gustó y los motivó a trabajar con ganas. A fines de enero de este año ya estuvo el material seleccionado con cuentos todos escritos o inventados por los chicos, incluyendo dibujos que hicieron a propósito por ellos mismos, para llevar a imprimir el libro “Cuentos de ida y vuelta” editado por La Subida para que cada chico tenga su ejemplar.
Además del trabajo en los comedores, que sigue afortunadamente con su continuidad. La Subida nos contrató para hacer funciones al aire libre en la plaza de la playa de Quequén todos los domingos de enero y parte de febrero. Allí llevamos también una muestra de obras hechas durante todo el año, sin que falte ninguno de los continentes que habíamos trabajado. Las funciones fueron un éxito en cuento a la cantidad de público y su respuesta. De la mayoría de las mismas también se guarda registro fílmico.
En el archivo de lo trabajado tenemos más de cincuenta cuentos de todo el mundo que fueron recibidos por los chicos. Ahora en cuanto a los cuentos aborígenes y populares argentinos, esperamos seguir trabajando con la misma pasión, aunque el proceso del proyecto siempre implique cambios (por ejemplo, más trabajo planificado de taller este año, trabajos teatrales nuevos en las puestas, etc.).

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